Sexualidad y publicidad. Parte 1.

Los medios de comunicación tienen la capacidad de mandar mensajes, tanto visuales como auditivos, que llegan a la sociedad y estos pueden influir en las percepciones y comportamientos de las personas, ya sea de forma positiva o negativa. En la actualidad, la sexualidad es un tema recurrente para los medios.

Se muestra una sexualidad muy reduccionista y heteronormativa. Por un lado se limita al coito, a la obtención del placer a cualquier precio y venera al pene. Por otro lado se ofrece una visión consumista de la sexualidad, mandando el mensaje subliminal de que si se copia la imagen ofrecida en los medios se va a ser más atractivo y deseable. Se enseña una sexualidad muy impulsiva, ligada a la diversión o la violencia, carente de responsabilidades, desligada del afecto, respeto y compromiso. Es más, a menudo se representa una sexualidad poco realista, lo que origina falsas creencias.

La sexualidad aparece ya sea en publicidad, programas, películas o series y el mensaje que se envía distorsiona la realidad de la misma y vende un prototipo de femenino, masculino y de la relación muy alejado de la verdad, plagado de mitos y creencias. El lenguaje que se utiliza es el del deseo, el de la persuasión y seducción. Tratan de reflejar lo que nos gustaría ser o tener, ofreciendo al espectador imágenes idealizadas y una visión sexista y estereotipada del papel de la mujer y el hombre dentro de la sociedad, con el fin de hacernos una gran promesa.

Si se observa en detalle encontramos mensajes como que sólo se logra el amor y la felicidad si se es alto, guapo, con medidas perfectas de modelo… Además la sexualidad sólo se expresa a través del coito y esto se convierte en una actividad cuyo éxito se mide por la intensidad y la duración del acto. Tampoco se tienen en cuenta las interferencias de la vida cotidiana, como el cansancio, preocupaciones, estrés… cualquier momento y lugar es idóneo.

A la mujer se la presenta con frecuencia en su rol reproductivo, familiar y de ama de casa. Es la figura encargada de llevar a cabo estas tareas de cuidado y limpieza del hogar, siempre subordinada a las decisiones o el escrutinio del hombre. Además, el mensaje que lanzan es el de la ‘mujer maravilla’, la que puede con todo… Una mujer que trabaja, mantiene la casa y se encarga del cuidado de los hijos sin el apoyo de su pareja y ¡Sin cansarse!

También es muy frecuente el papel de la mujer como un objeto sexual, mujer fatal, siempre bella y perfecta, desprovista de autonomía y capacidad de decisión. Se utiliza su cuerpo desnudo a modo de reclamo. Aparece siempre bella, delgada, con el pelo perfecto, depilada y si no es así, se considera un problema que hay que resolver.


La mujer es una propiedad más del hombre, encargado de cuidar de ella y proporcionarle placer. Se lanza la promesa de que la mujer satisfará sexualmente al varón cuándo y cómo quiera.

Las técnicas publicitarias consideran a la mujer tanto como una conquista como el mejor medio para conseguir un fin. Por un lado, como destinataria de los productos que se quieren publicitar y por otro, como un hermoso adorno seductor que atrae la atención del hombre hacia el producto ofertado. En otras ocasiones, por un lado se la presenta como ama de casa obsesionada por la limpieza y por otro, se le garantizan éxitos sexuales por el simple hecho de utilizar un producto en concreto o comportarse de una determinada manera. La dicotomía está entre la mujer encantadora y sensual y la servidora doméstica.

Sexualidad y publicidad. Parte 2.

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