Sexualidad y publicidad. Parte 2.

Creo que es importante ser conscientes de los sutiles mensajes que nos llegan, por eso, aunque ya hablé del tema en el post anterior, me gustaría ahondar un poco más en el asunto.

Hablé sobre cómo se presenta a la mujer, pero ¿Cómo se representa a los hombres en la publicidad?

Aparece con una imagen fuerte y musculosa, dominadores de la mujer, dinámico, agresivo, inteligente, valiente… que tampoco descuida su aspecto físico.

En el hogar, aunque se le pinta como un inútil que no sabe hacer ninguna tarea de la casa ni del cuidado de los niños, el hombre es el que manda y mientras ella limpia y se encarga de los hijos, él se sienta en el sillón o supervisa la labor de ella. Es el que se encarga del bricolaje, de las herramientas o cortar el césped sentados en un cortacésped a motor. Tareas que son ¡Cosas de hombres!

Con estos marcados estereotipos, se perpetúa el estilo de vida en el que la sociedad parece haberse quedado anclada y aunque algunas cosas cambian, hay otras que no.

Los medios saben de la importancia de la sexualidad en la personalidad y en los comportamientos sociales, por esto durante mucho tiempo la han utilizado la como una herramienta de persuasión con el fin de modificar conductas con respecto al consumo. También se muestran ciertos valores y actitudes que harán que el producto sea aún más atractivo.

La sexualidad genera gran impacto ya que muchas personas tienen cierta curiosidad sobre ella y lo que se consigue al utilizarla en los medios de comunicación es llamar la atención, seducir, convencer y llegar a más gente.

 

Los productos dirigidos a mujeres suelen ir asociados a hombres guapos y fuertes o a la promesa de la ‘eterna juventud’, con una joven perfecta. También suele colarse la idea de que es el complemento del hombre, debe ser su amante, servidora, adorno, trofeo… por lo que la mujer tiene que conseguir perfección a través de ropas, joyas o productos de cosmética.

 



Si lo vemos desde la perspectiva del hombre, lo que aparece es una mujer semidesnuda dispuesta a ofrecerle todo lo que él desee. Esto genera expectativas y vende la falsa idea de que realmente se va a conseguir tanto al hombre guapo, como a la mujer semidesnuda o la ‘eterna juventud’ si se utiliza el producto.

Estas estrategias animan a consumir al unir el producto con las expectativas de satisfacción sexual. Juegan con la imaginación de las personas.

En los programas ocurre lo mismo. Personas en apariencia perfectas que se utilizan como referencia y cuando dejan de ser bellos o jóvenes son sustituidos por una nueva generación.

En la actualidad vivimos en una sociedad que evoluciona con constantes mensajes subliminales donde la sexualidad aparece cada día con normalidad, impregnada de tintes estereotipados y falsas creencias. Todo con el fin de incrementar la clientela o los espectadores, aumentando de esta forma el negocio, el dinero y el poder.

Sexualidad y publicidad. Parte 1.

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